Arqueólogos tratan de desentrañar enigmas de los mayas

Arqueólogos tratan de desentrañar en Honduras enigmas de los mayas

Bajo toldos que los protegen de la lluvia, arqueólogos excavan y acomodan piedras entre el lodo en una colina del nuevo sitio arqueológico hallado en Copán, noroeste de Honduras, empeñados en tratar de descifrar el enigma de la desaparición de los mayas.

A unos 25 km al oeste del grupo principal de las ruinas de Copán, el Parque Arqueológico Río Amarillo, descubierto paulatinamente en los últimos años, concentra los trabajos de nueve expertos hondureños, guatemaltecos, franceses y estadounidenses.

“Aquí se demuestra que la caída fue abrupta, dejaron los edificios sin terminar y las herramientas quedaron botadas, pero la pregunta es adónde se fueron para nunca volver”, dijo el investigador francés René Viel, durante un recorrido organizado por el Ministerio de Turismo para la prensa internacional, como parte de las actividades por el cambio de era en el calendario maya, el 21 de diciembre.

Cuando se descubrió el sitio Río Amarillo “vimos que faltaban piezas pero no hay evidencias de un saqueo, sino que (los mayas) iniciaron (las obras) y no las terminaron; son las últimas construcciones en Copán, lo que demuestra que la caída fue abrupta”, explicó Viel mostrando una pequeña plaza y una escalinata de unos 12 metros que forman ese complejo.

“¿Adónde se fueron?, ¿hubo problemas demográficos? Tememos que hubo una gran mortalidad infantil de menores de cinco años y allí todo terminó”, añadió Viel.

La rica civilización maya, que se extendió por el sur de México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador, floreció en Copán entre los años 426 y 822 después de Cristo (d.C.), con una sucesión de 16 reyes en su sistema político.

“Aunque la ciudad de Copán estaba abandonada, aquí en Río Amarillo había gente y la hubo hasta casi 1.000 (años) después de Cristo, o sea tiempo después del colapso del sistema político” siguieron viviendo personas en ese nuevo sitio, dijo a la AFP al arqueólogo guatemalteco Edy Barrios.

Las investigaciones en Río Amarillo, dirigidas por el Instituto Integral para el Desarrollo de Honduras (OIDH), han determinado que la población se distribuía en 26 asentamientos en 35 hectáreas que ahora equivaldrían a barrios de entre seis y doce viviendas cada uno, explicó Barrios.

Copán, ubicado a 400 km noreste de Tegucigalpa, tiene en su grupo principal de vestigios una gran plaza, la acrópolis de 1.000 monumentos, edificios y estelas de piedra en 2 km2 de extensión.

En el Valle de Copán, de 24 km2, se han descubierto restos de 3.450 estructuras. Los expertos estiman que en la época de mayor población había en él más de 28.000 habitantes.

En el conjunto principal de ruinas también siguen las excavaciones. Otro grupo de arqueólogos trabaja en un templo, bajo tierra, descubierto décadas atrás.

Construido por el primer rey de la dinastía, Kinich Yax Kuk Mo o Quetzal Guacamaya (426 a 437), en el templo, bautizado por los expertos como Margarita, destacan dos mascarones -un papagayo y un quetzal enlazados por el cuello, y un rostro de la deidad del sol-, con los colores intactos: rojo, verde y amarillo.

Una tercera excavación se realiza en una colina cubierta de arbustos, con visibilidad en todo el valle y a 3 km del grupo principal, en lo que habría sido un asentamiento de guerreros al que los expertos llaman Rastrojom, el primero en su tipo en Copán, explicó Jorge Ramos, jefe del grupo de arqueólogos que trabaja en ese sitio.

Allí se hallaron puntas de lanzas hechas de pedernales, y rastros de viviendas y de dos edificaciones, de una de las cuales sobresalen partes de un mascarón de 5,5 m de ancho y 3,5 m de alto, un rostro humano aún en proceso de reconstrucción por los expertos.

La cultura maya tuvo su mayor esplendor entre 250-900 d.C., hasta que entró en una etapa de decadencia entre el 900 y 1200 d.C.

El 21 de diciembre próximo se cumple el fin del periodo más largo del calendario maya, de 5.125 años, lo que dado lugar a conjeturas sobre un fin del mundo, descartado por los científicos.

Bajo toldos que los protegen de la lluvia, arqueólogos excavan y acomodan piedras entre el lodo en una colina del nuevo sitio arqueológico hallado en Copán, noroeste de Honduras, empeñados en tratar de descifrar el enigma de la desaparición de los mayas.

Los arqueólogos creen que el colpaso de la antigua sociedad de Copán fue tan rápido que los mayas abandonaron armas y dejaron edificios inacabados.

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